Nuestra jornada está compuesta por cientos de micromovimientos que a menudo realizamos en piloto automático. Desde correr para alcanzar la combi en la avenida, hasta cargar las pesadas bolsas de compras del mercado local. Hacemos todo esto, muchas veces, con el cuerpo tenso y los hombros encogidos.
Fomentar la movilidad cotidiana no significa inscribirse en un gimnasio de alto rendimiento. Significa prestar atención a la calidad de nuestros desplazamientos diarios. Sentirse cómodo en el propio cuerpo mejora significativamente el humor y la energía para afrontar el resto del día.
Caminar sin prisa
El tráfico de Lima o el ajetreo urbano nos empuja a caminar rápido, incluso cuando no estamos retrasados. Caminar de forma calmada, observando el entorno, ayuda a que tu cuerpo no absorba el estrés de la ciudad. Permítete disfrutar de los trayectos cortos: si te bajas un paradero antes, haz de esa caminata un momento de desconexión.
Soporte desde la base
Elegir un calzado adecuado es vital. Muchas veces priorizamos la estética sobre el confort, lo que se traduce en pesadez al final de la tarde. Un buen soporte en los pies hace la diferencia, especialmente si tu trabajo requiere estar de pie o si caminas largas cuadras durante el día.